Hoy os traigo a un premio Nobel, el de 1961. Aunque aún eran años en los que se otorgaba con cierto criterio no puedo dejar de pensar que ese año rechazaron a Tolkien porque “su prosa era de segunda categoría” o a Robert Frost por su avanzada edad. Se ve que ya empezaban a chochear en Estocolmo, pero ese tema lo podemos dejar para otro día. Ivo Andrić era también merecedor de tal reconocimiento y no voy a ser yo quien lo ponga en duda.
En este librillo (por tamaño, no por calidad) Ivo Andrić nos presenta siete relatos independientes entre sí, pero que tienen en común un recorrido por la historia, en cierto modo costumbrista, del pueblo judío desde que los Reyes Católicos los expulsaran en 1492 hasta la invasión de Yugoslavia por parte de las fuerzas del Eje en 1941. No hace una apología gratuita e interesada pues no es judío, ni de raza ni de religión, sólo nació en la Yugoslavia ocupada por el Imperio Austrohúngaro.

Esto es importante, pues en los Balcanes convivieron durante siglos católicos, cristianos ortodoxos, musulmanes y judíos. Ivo Andrić se crió rodeado de todos ellos sin adorar o repudiar a ningún dios en particular y en su obra salen reflejadas todas las religiones y nacionalidades de sus habitantes, con sus virtudes y sus defectos. No deja de ser la historia de su país y procura plasmarla lo mejor posible, o eso parece.
En El cementerio judío de Sarajevo, el primer relato, el autor compone una suerte de elegía a los sefardíes que migraron hasta allí desde la Península Ibérica. Aprovecha un paseo entre las tumbas para conducirnos a través de la integración de los judíos en la zona. Leyendo algunos nombres o epitafios escritos en castellano y hebreo aprovecha para contarnos escenas cotidianas aquí y a allá. . Ivo Andrić nos muestra así retazos de las costumbres de este pueblo a través de sus ojos.
Otra de las historias que resaltaría es Una carta de 1920 en la que se refleja perfectamente hasta que punto Ivo Andrić conocía a su pueblo y su intimidad. Casi parece que esté vaticinando la guerra de los Balcanes de 1991 que provocó la desaparición de Yugoslavia. Igual tampoco había que ser un genio para darse cuenta de ello, pero no hay muchos que lo dijeran en voz alta. Y él lo hizo antes de 1975, año de su muerte.
Como he dicho al principio el hombre merecía el Nobel y aunque estos relatos no son lo mejor de su obra, si que es un buen punto de partida para irle conociendo. Espero que en un futuro no muy lejano pueda escribiros sobre Un puente sobre el Drina. Para mí su mejor obra y una de las mejores novelas que se han escrito. Parece atrevido decir tal cosa, pero puede que un día me deis la razón. O no.

