Si te gusta la fantasía es muy probable que conozcas la obra de un tal Michael Moorcock, o puede que no porque seas un enamorado de Tolkien y de sus seguidores y rechaces todo aquello que amenace la eterna lucha entre el Bien y el Mal. Recomiendo que a pesar de tu amor por la Tierra Media (podemos montar un club) dejes tus prejuicios a un lado y te embarques en la obra del mayor detractor de Tolkien de la historia.
Si de El Señor de los Anillos surge una rama de la fantasía épica, el Multiverso coge el árbol y lo convierte en serrín. Moorcock centra la mayor parte de su obra en la idea de un campeón eterno condenado a estar presente en las luchas en diferentes realidades entre la Ley y el Caos y la aparente arbitrariedad de la Balanza Cósmica que busca la autorrealización y la felicidad. A mi me suena a cuento.

El nombre del campeón en El caballero de las espadas es Corum, un vadhagh que un día sale en busca de más miembros de su raza. Su viaje no obtiene recompensa y cuando vuelve a casa la encuentra en ruinas y a toda su familia ejecutada. Como es natural, le embarga una irrefrenable sed de sangre y venganza contra los responsables de tal barbarie, los Mabden. Aunque como no son los únicos responsables la cosa se complica y por eso es el primer volumen de una trilogía.
Cuando os dije que La profecía del Dragón era una introducción al género antes de enfrentarse a mitologías más complejas me refería a esto. El autor no solo crea un continente o variedad de razas sino un complejo multiverso con constantes aleatorias. ¿Contradictorio? Seguro, pero no puedes esperar otra cosa de un hombre que se propone cambiar la ciencia ficción y lo consigue.

