Por lo general primero se escribe la novela y luego se lleva al cine. En el caso de El tercer hombre el proceso fue parecido, pero se distinguen ciertos matices. El guión de la película fue encargado a Graham Greene, que siempre escribía la historia antes que el guión. Evidentemente hay diferencias entre el libro y la película, retoques introducidos a veces por el mismo Greene. De todas maneras no deja de ser curioso que la película se estrenara en 1949 y la novela fuera publicada un año después.

La trama se desarrolla en una Viena ocupada y dividida en cuatro zonas tras la II Guerra Mundial. Cuando hablamos de una ciudad ocupada y dividida siempre pensamos en Berlín y en ese Muro que acabó cayendo (seguramente por problemas estructurales), pero no fue la única ciudad con tal aciago destino. Viena, y el resto de Austria, tuvieron la misma suerte que Berlín, pero sin la molestia que supuso el Muro. En aquella época el robo, contrabando y demás hobbies estaban a la orden del día entre los más sinvergüenzas y/o pobres.
Rollo Martins, pobre escritor, viaja a Viena invitado por su amigo Harry Lime. Al llegar, se entera de que su amigo ha muerto en circunstancias muy normales. ¿O no? Pronto Martins descubre que Lime podía ser un mal tipo, pero él está decidido a limpiar su buen nombre. Tratará de encontrar al verdadero culpable de los crímenes que se le atribuyen a su amigo de la infancia. Y si entre tanto podemos conocer a alguna chica bonita, mejor.
“Nunca nos acostumbramos a ser menos importantes para los demás de lo que ellos lo son para nosotros”.
Esta vez voy hacer algo que haré muy pocas veces. No hace falta que os leáis el libro, ved la película. El libro está bien escrito y la historia no deja de ser buena, pero la película, y esto pasa en raras ocasiones, es extraordinaria. Es muy probable que se deba a la actuación de Orson Welles, a la dirección de Carol Reed y a la inconfundible banda sonora que le da un toque estupendo.


