Es muy posible que todos conozcáis este libro, el primero de la saga El Legado. El lunes pasado dije que La profecía del Dragón era una introducción estupenda para el género de la fantasía épica antes de atreverse con volúmenes de 500 páginas. Pues aquí las tenemos, con una mitología más complicada y un mapa mucho más amplio. Puede que a algunos no os guste este tipo de literatura, pero creo que no hay que dejar de admirar que Christopher Paolini pariera semejante historia con 15 años.
Por si alguno es novato en la materia, puedo contar que Eragon, un joven cualquiera de Carvahall, descubre en Las Vertebradas un huevo de dragón. Al poco eclosiona y se crea un vínculo entre el chaval y una criatura salida de los cuentos. La dragona es codiciada por el tirano Galbatorix, lo que obligará a Eragon a abandonar todo aquello que conoce para atravesar Alagaësia y poner a Shapira a salvo.
Hasta aquí todo bien, no hay nada que rompa con los elementos propios de la fantasía épica. Lo curioso son los añadidos. Están las razas de siempre (elfos y enanos) y nuevas criaturas como Úrgalos, Sombras o Ra’Zac. Y hay un elemento concreto de la mitología muy interesante para comentar siendo hoy el Día de Star Wars. Para aquellos que lo hayan leído o para los que se lo vayan a leer decidme si estoy equivocado al encontrar muchas similitudes entre la Orden Jedi y los Jinetes de Dragón. Tanto monta, monta tanto.

Hablemos de la película. Es terrible, no hay manera de que Jeremy Irons o John Malkovich salven el destrozo de los guionistas. Es un claro ejemplo del intento de hacer dinero aprovechando el éxito editorial y si te pones a rodar antes de que el autor haya terminado la historia puedes llegar hacer una buena película (que no es el caso), pero como adaptación es peor todavía. Se deja demasiadas cosas sin contar, detalles fundamentales para el desarrollo de los personajes y de los acontecimientos que vendrán después.

