Comienzo la primera entrada con un libro complicado. El autor, Michael Crichton, fue un escritor prolífico que ha sido llevado al cine con regularidad, pero nada puede compararse a la repercusión que aún tiene Jurassic Park, ya que cuando se juntan Steven Spielberg y John Williams el éxito está asegurado. Leer Jurassic Park en 2020 es imposible sin oír su fantástica banda sonora o ver a Jeff Goldblum interpretar a un prepotente Dr. Ian Malcom.

La adaptación cinematográfica (y las posteriores secuelas o reboots) hacen casi imposible que alguien se anime a leer el libro, pues es mucho más fácil terminar una historia en hora y media, amén de lo divertido que es ver en pantalla grande como un Tiranosaurio Rex se zampa a un par de domingueros o desear la muerte violenta de dos críos insoportables a los que les vendría bien que alguien les mandará de vuelta al colegio de un bofetón.
Si nos da por hacer el esfuerzo de leer la novela, descubriremos una gran cantidad de diferencias que enriquecerá nuestra experiencia en Isla Nublar y contestará a aquellas preguntas que la película no se molesta en contestar (o ni siquiera plantear), de manera satisfactoria. Para empezar, ¿por qué es necesaria la visita de un paleontólogo, una paleobotánica y un matemático a la isla? No deja de ser un zoológico y la información que puedan aportar los estudios fósiles es muy limitada y la teoría del caos, nada en absoluto. O eso parece.
Durante la visita a los laboratorios, se menciona que los huecos de la cadena de ADN de los dinosaurios han sido rellenados con ADN de rana, algo fundamental en el libro y en el hilo conductor de la historia, pero en la película no tiene ninguna relevancia porque hay que pasar cuanto antes al momento en el que los animales se escapan de sus recintos, hecho que en la novela es completamente secundario.
Quitando a los dinosaurios de la ecuación (algo pretencioso), en lo que más se parece la película a la novela es en la discusión sobre la moralidad de las acciones de los científicos y promotores de Parque Jurásico. Una cosa es que puedas hacerlo y, otra muy distinta, que debas hacerlo. El personaje de Ian Malcom está ahí, en parte, para reprochar a los científicos modernos su irresponsabilidad al uso que le dan a unos conocimientos previos que no les ha costado esfuerzo adquirir (más allá de unos pocos años de facultad) y a la prepotencia del ser humano de creerse capaz de dominar a su antojo algo tan complejo como la naturaleza.
Dentro de esa crítica, el autor ahonda en la velocidad a la que se hacen progresos científicos o tecnológicos y en la falta de tiempo e intención de reflexionar en la repercusión o el uso que se puedan hacer de ellos. Critica a todos aquellos que se dedican a crear productos recreativos en vez de dedicarse al conocimiento por el conocimiento. Y, perdón por el atrevimiento, no estoy de acuerdo. Querer ganar dinero no es malo per se y dedicarse a la investigación por amor al conocimiento no tiene porque ser mejor.
La película no deja de ser una adaptación, y es obvio que no puedes contar una historia de la misma manera en un formato que en otro, pero en esta ocasión da la sensación que estás leyendo otra historia con, a veces, los mismo personajes, pues algunos tienen un carácter o un desenlace distinto. Esto es de agradecer, pues sería un poco tonto leer la película.
En el libro nos encontramos una mezcla de teorías relacionadas con la física, la biología, la matemática o la paleontología, junto con la descripción de animales extintos y la consiguiente carnicería que, parece mentira, hace que queramos seguir leyendo. De verdad, leer el ataque de los velocirraptores mientras un académico le está colocando un discurso sobre la complejidad de las interacciones en un sistema vivo a uno que pasaba por ahí tiene más interés de lo que uno se podía esperar.
La mezcla de ciencia ficción, ciencia (ya que Crichton prepara la novela basándose en trabajos publicados a los que al final del libro muestra su reconocimiento) y aventura deja un buen sabor de boca si somos capaces de alejarnos lo suficiente de lo que hemos visto en el cine. Recomiendo su lectura para cuando no se tenga otra cosa que hacer, y no porque sea un mal libro sino porque es el momento perfecto para devorarlo.

