Hay cosas que se me escapan del mundo literario. Si te paseas por cualquier librería la cantidad de tonterías que se imprimen es deprimente. Y no sólo eso, la cantidad de mala literatura que se vende asusta. Mi criterio no es infalible, pero a veces me extraña la poca repercusión que tienen algunos libros. Tal vez no sean auténticas obras de arte que merezcan un hueco entre los clásicos de la literatura universal, pero hay quien es capaz de hilvanar bien unas pocas frases.

Es el caso de La profecía del Dragón, un libro de fantasía en el que la autora ha hecho lo propio del género. Ha dibujado un mapa, creado un mundo, razas y unos personajes con un pasado y la posibilidad de un futuro. Y eso no es fácil. En un libro de estas características crear una mitología, más o menos compleja, ya es un logro y da a la historia mayor solidez y coherencia.
La historia se desarrolla en los reinos de Arhiez. En una pequeña y olvidada aldea vive Gald, un chaval más bien vulgar y con una existencia un poco anodina. Un día la aldea es atacada y se ve obligado a huir junto a una extraña mujer llamada Iriyed. En sus viajes Gald descubrirá nuevas tierras con secretos, profecías y razas legendarias. Con esta breve sinopsis comienza el primer volumen de las Crónicas de Arendar de Tyrion.
Puede parecer un libro más propio de adolescentes, pero no veo mal en ello. Si fuera el caso me parece que Elena Martínez ha escrito una introducción perfecta al género antes de meterse en autores de 500 páginas el tomo o con mitologías más complejas como las de Tolkien o Moorcock. De todas maneras no soy fan de restringir la lectura por edad avanzada. Ya hablaré de La isla del tesoro, pero la edad recomendada para meterse en la piel de Jim Hawkins es de 10 años y no me imagino a nadie de 50 años que no disfrute de su lectura.

